domingo, 28 de enero de 2018

EL TABERNÁCULO - La materia prima

El tabernáculo y en especial la temática de la materia prima, nos revela la esencia de Cristo.

A continuación un fragmento del libro "El tabernáculo, en su significación con Cristo" por © Samuel Benedetti. Todos los derechos reservados.

La materia prima, por definición, es la realidad primaria de la que están hechas las cosas.

La ofrenda solicitada al pueblo de Israel se constituye en el elemento fundamental de la construcción del tabernáculo. Los versículos de Éxodo (35.4-9) la describen así: "oro, plata, bronce, azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras, pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia, aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático..."

El detalle de la ofrenda, para el tema en estudio que es la obra del santuario con su mobiliario, apunta hacia la siguiente división:

Materiales (4): oro, plata, bronce y madera de acacia.

Colores (4): Azul, púrpura, carmesí y blanco. (El color blanco no es mencionado específicamente en la ofrenda; en la ofrenda dice "lino fino", el cual se asocia a una tela de máxima cantidad de hilos en su fabricación y de color blanco).

Cortinas y pieles (4): Lino fino, pelo de cabras, pieles de carneros teñidas de rojo y pieles de tejones.

La "materia prima", enseguida asociaremos su anotación general con Cristo.

La descripción de la vida y obra del Señor la hacen cuatro evangelistas, ellos son: Mateo, Marcos, Lucas y Juan, los cuales hacen su relato apreciándolo desde cuatro puntos de vistas diferentes, que corresponden en su orden a rey, siervo, humano y divino; en conformidad a las profecías que anunciaban al Mesías: "he aquí tu rey" (Zac 9.9); "he aquí mi siervo" (Is 42.1); "he aquí el varón" (Zac 6.12); "ved aquí al Dios vuestro" (Is 40.9). Con relación a esto coinciden los interpretes bíblicos en asignarle a los testimonios de los cuatro evangelistas la apariencia de los cuatro seres vivientes mencionados en Apocalipsis, los cuales en su orden son: el primero semejante a León (Rey); el segundo a becerro (Siervo); el tercero con rostro como de hombre (Varón); y el cuarto semejante a un águila volando (Dios).

La descripción de los evangelistas y las escritas en el Apocalipsis, muestran las cuatro facetas cumplidas por el Señor, de acuerdo a lo que él era en esencia. Porque del mismo modo como la materia prima, en el tabernáculo, se constituyen en su principio esencial. En el Señor los temas abordados por Mateo, Marcos, Lucas y Juan, se constituyen en el principio esencial de su ser. El señor en esencia es Rey y Siervo, Varón y Dios; teniendo en consideración que "Rey" y "Siervo", son designaciones propias de los individuos; y que "Dios" y "hombre", intervienen directamente en la conformación de su ser (se amplia al final de este capítulo).

REY 

EL Señor por nacimiento es Rey de Israel, porque según la carne nació dentro del linaje real. En el cumplimiento del tiempo el Rey vino a lo suyo y fue muerto sin aparentemente haber conseguido algo de lo anunciado por los profetas para su pueblo... pero fue todo lo contrario, porque con su muerte consiguió de manera eterna todas las glorias anunciadas para Israel, y además extendió su reino a los que no tenían parte ni ciudadanía con él. Es un reino para ser recibido en estos momentos de forma espiritual, pero en un futuro será establecido de manera natural sobre toda la tierra, para entonces no tener fin de días.

El metal que en el tabernáculo representa al rey es la plata, como símbolo de la paz del reino de Cristo.

El color representando al Rey es el púrpura, como símbolo de su linaje real. Un color púrpura se consigue naturalmente de la mezcla de azul y carmesí. En Cristo, es una unión entre el color asignado a Dios (azul) y el color asignado al hombre (carmesí). Su distinción de Rey, se entiende, como una unidad conseguida de la mezcla entre lo divino y lo humano; entre el Rey del universo y el Rey por linaje real de la casa de David. Este tema nos habla del señorío de Jesús, de Cristo como Señor, amo y dueño supremo; asimismo, de Cristo como máximo legislador y salvador.

Cortinas y pieles. Representando al Rey se hallan las pieles de tejones. Esta cubierta de pieles estaba ubicada en la parte más externa de la edificación y por tanto es, de entre las cuatro, la más dura y resistente; y se trata de una piel proveniente de un animal no usado en los sacrificios. En el Señor, su "cubierta" de rey fue la más visible, pero no le estimaron porque su presencia fue percibida común y sin atractivo. Sin embargo, su vestido de rey, fue como una cubierta exterior muy resistente, y esto se aprecia en su firme determinación de realizar la obra de la reconciliación, la cual no fue cambiada por el insulto, ni por el escarnio, o el menosprecio; y aunque enfrentó con altura el juicio injusto, y no escondió el rostro al esputo y al que le arrancaba (mesaba) la barba, no salió como rey a defenderse para darse su lugar, sino que permaneció mudo en muestra también de un vestido de siervo.

SIERVO     

El Señor por nacimiento es Siervo. Su semejanza con el hombre no sólo fue en el aspecto terrenal y físico, sino que al haberse hecho semejante a los hombres adquirió por consiguiente el mismo nivel jerárquico. La actitud del Señor así como su servicio a los semejantes, es consecuente de ese pleno reconocimiento de la posición del hombre delante de Dios.

El metal que en el tabernáculo representa al Siervo es el bronce, como símbolo de justicia o el caminar justo del siervo (Ap 1.15; 2.23: "y sus pies semejantes al bronce bruñido...y os daré a cada uno según vuestras obras.").

El color representando al servidor es el blanco, que simboliza en esencia la justicia manifiesta de Cristo (Ap 9.14; 9.18: "y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio...porque el lino fino es las acciones justas de los santos...").

Cortinas y pieles. La cubierta que representa al Siervo, son las cortinas hechos de pelo de cabra (un ejemplo de vestido de pelo lo tenemos con Juan el bautista; en este caso pelo de camello, y nos indica a una persona despojada de los bienes materiales; otro ejemplo es el vestido de pelo de cabra usado por las personas de luto). La cortina de pelo de cabra se asocia a Cristo como siervo, porque representa el humillarse a sí mismo o la humildad de quien lo viste; en esencia significa como si cristo hubiese vivido literalmente vestido de pelo de cabra. Le observamos vestido de siervo en su andar, también en su actitud de temor reverente, en su obediencia mostrada en sujeción, en su cercanía a las personas menos favorecidas, o atendiendo incluso en las horas de la noche al que le necesitaba.

VARÓN

El Señor, en lo que implica a su nacimiento fue hecho semejante al hombre. Dice en la carta a los hebreos (2.14): "...por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo..."

El metal asociado a la humanidad es la madera de acacia que representa la carne, la cual se manifiesta como componente físico (p.ej. labios) y en su acción inmaterial (p.ej. palabras) en el ser de Cristo. La madera tiene gran presencia en el tabernáculo, pero siempre se encuentra cubierta de algún metal. En las partes más íntimas había madera cubierta de oro, que era la divinidad por encima de las obras o acciones de la carne; y en las partes más externas había madera cubierta de plata o bronce, que era la paz y la justicia por encima de las tendencias de la carne.

El color asociado al hombre es el carmesí, simbolizando a la sangre.

Cortinas y pieles. La piel representando al Varón, son las pieles de carnero teñidas de rojo que simbolizan a una piel de hombre manchada de sangre. Al Señor le vemos en su humanidad cuando pidió agua, o cuando cansado del camino se sentó, o en la angustia de su oración en Getsemaní momentos previos a ser entregado en manos de pecadores. Se le ve en su humanidad cuando sintió hambre.

DIOS   

El Señor Jesús es Dios desde antes de su nacimiento como varón en Belén. El evangelista Juan, en desarrollo de su ministerio comienza el relato de la vida de Cristo, desde el principio, antes de todas las cosas, y nos dice (1.1): "en el principio era el el Verbo y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios". El autor en este pasaje, primero, nos enseña a Cristo de manera individual, y nos dice que él es Dios: "en el principio era el el Verbo...y el Verbo era Dios"; en segundo lugar, nos lo presenta en su inserción en el contexto de la creación, y nos dice que en esa posición él está junto a Dios: "el Verbo era con Dios". Son dos puntos de vista complementarios y muy necesarios para la comprensión de quién es el Señor Jesús y de cómo fue realizada su obra.

De acuerdo a este preámbulo de Juan en su libro, debe ser importante para nosotros saber que el Verbo "era Dios", pero también de mucha importancia es considerarlo "con Dios"; para cuando observemos a Cristo en su condición de humanidad delante de Dios (todo hombre está delante de Dios), no olvidemos que él es Dios. 

El metal precioso por excelencia del tabernáculo es el oro; representa la parte espiritual o divina del ser de Cristo.

El Color simbolizando la divinidad es el azul, y representa su condición espiritual. El azul nos sugiere infinitud y es la distinción de cristo entre los otros hombres.

Cortinas y pieles. La tela representando a Dios, son las cortinas hechas de lino torcido, con azul, purpura, carmesí, y adornada con querubines. Esta tela es proveniente de fibra vegetal, y no de animal; es de apreciación costosa y representa la divinidad. Al Señor se le ve en su condición divina, cuando la mujer supo que al tocarle sería sana, o cuando aquella otra mujer llorando a sus pies fue perdonada de sus pecados, o cuando le adoró el que había sido ciego. Se le ve en su divinidad cuando dijo "yo soy el pan de vida".

LA CONJUGACIÓN DE LO DIVINO Y HUMANO

Es importante tener presente que "Rey" y "Siervo" son designaciones propias de los individuos, o distintivos que recaen sobre la persona. Cristo, es decir la persona, ha recibido por linaje real el título de Rey, y ha adquirido inherente a su condición de hombre, la posición de Siervo.

...Pero los otros dos aspectos, los de "Dios" y "hombre", intervienen directamente en la conformación de su ser. Lo anterior está de acuerdo con la enseñanza del tabernáculo, en donde la plata (Rey) y el bronce (Siervo) participaban como componentes primarios en la construcción, pero no de forma fundamental; los materiales determinantes en el tabernáculo eran el oro (Dios) y la madera (hombre).

En Cristo, había un componente que mostraba su condición de Rey, y había un componente que evidenciaba su condición de Siervo. Pero en cuanto a la conformación de su ser, había un componente divino y había un componente humano, y si faltaba alguno de los dos dejaba de ser persona.  En el tabernáculo no debía o no podía faltar el oro o la madera; para ser el tabernáculo tal como es mostrado debían estar presentes estos dos materiales.

En el ser de Cristo no podía faltar el aspecto material (humano) o el aspecto espiritual (divino). Por lo tanto, no consideramos ajustada con las Escrituras la opinión de algunos estudiosos de la Palabra de Dios al presentar a la persona de Cristo como "verdadero Dios y verdadero hombre", porque esta afirmación plantea una disyuntiva: o es verdadero Dios o es verdadero hombre, no pueden ser las dos cosas a la vez. Porque si de su ser sacamos a Dios, que es su área espiritual, para hacerle sólo hombre, dejaría precisamente de ser verdadero hombre. Lo mismo sucedería si de su ser sacamos la parte material para hacerle sólo Dios, en este caso dejaría de ser persona. En pocas palabras, la persona de Cristo no era verdadero Dios y verdadero hombre, ni tampoco Dios y hombre, Cristo es un hombre, un hombre que es Dios, más exactamente la presencia de Dios.

Siendo Cristo un hombre, es más apropiado desde el punto de vista del tabernáculo, plantear el componente humano y el componente divino en la formación de su ser; en la conformación de un ser humano. Y es acorde con otros pasajes de la escritura presentar a Cristo como un hombre que es Dios, o, como hemos dicho, más exactamente: la presencia de Dios o la manifestación de Dios.

viernes, 17 de marzo de 2017

Mateo (28.19): "...en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo..."


A continuación se transcribe una parte del capítulo 8 del libro "Jesús es Dios" © Samuel Benedetti.

En Mateo (28.19) el Señor dice: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo...”

¿Creer a Cristo o creer a Pedro? Un grupo de personas dicen que para el bautismo ellos prefieren creerle a Cristo en estas palabras escritas en Mateo, que creerle a Pedro en sus palabras escritas en los hechos (2.38): "Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados..." En el texto de Mateo dice "en el nombre"; y en hechos dice "en el nombre de Jesucristo". La Escritura, recordemos, se fundamenta sobre verdades lógicas e incontrovertibles entre sí. En otras palabras, la Escritura no se contradice; hay un nombre dado para salvación y es el nombre del Señor Jesús, este tema lo estaremos examinando más adelante, por el momento nos centraremos en en las palabras de Cristo y en las palabras de Pedro.

En primer lugar, sí creemos que este pasaje de Mateo contiene las palabras ciertas de Cristo, que el evangelista Mateo, desde su punto de vista, escribió fielmente las palabras que escuchó de su Maestro. Segundo, creemos también que, si bien el texto de Mateo no cumple a plenitud las características literarias de las parábolas, sí conserva el principio fundamental vistas en ellas; es decir, el mensaje se hace comprensible para unos: para quienes reciben a Cristo como el "Señor tu Dios" (aceptan su nombre), e incomprensibles se hace sus palabras para otros: para quienes no le aceptan tal como él es. Ahora bien, a la pregunta ¿por qué sus palabras no fueron más directas? La respuesta es porque ya vendría alguien que estaba comisionado para ser más directo. A nuestro parecer, el mensaje escrito en Mateo, aparte de que su objetivo era fijar fundamentos, estaba respetando una orden dada por el Señor Jesús a Pedro unos días antes; recordemos que el Señor Jesús le había dicho a ese discípulo: "y a ti te daré las llaves del reino de los cielos" (Mt 16.19). Así que Pedro tenía una función, él estaba comisionado para con sus palabras ser directo, y para ser explicito en cuanto a la forma para alcanzar salvación (Hch 2.38). ...Pero como vemos, muchos ni aceptan las palabras del Señor escrita en Mateo (28.19) con respecto a su nombre, ni tampoco aceptan las palabras del apóstol Pedro en hechos (2.38), quien estaba autorizado para anunciar y hablar de esta manera. Una facultad dada a Pedro por el Señor, y por extensión a su iglesia (Mt 16.19).

La autenticidad del versículo. El hermano James Carter en su estudio “A la Luz de la Evidencia”, traducido por el hermano Álvaro Torres, plantea una duda razonable en cuanto a la autenticidad de este texto de Mateo. El autor, exponiendo algunos estudios que se han venido realizado a diferentes documentos históricos (los de los primeros siglos) pone en entredicho la veracidad de este versículo ya que en dichos documentos históricos el pasaje de Mateo es referenciado de una forma diferente a como lo presenta el mas temprano manuscrito utilizado para la traducción bíblica. Sin embargo, al parecer, hasta el momento no hay bases sólidas que traigan como consecuencia el retiro de este versículo del canon bíblico o la modificación del texto; en todo caso, como también lo escribe el traductor en la presentación del libro: “el nombre de Jesús está plenamente establecido en la Escritura”.

Un nombre plenamente establecido. El nombre del Señor Jesús para salvación, está plenamente establecido en la Escritura. Si revisamos el versículo paralelo de Mateo (28.19), tal como lo dicta la correcta interpretación, encontramos que Lucas dice cuál es el nombre al que se refiere el Señor en ese pasaje de Mateo. Dice en Lucas (24.46-47): “…y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.” Este otro versículo es muy claro al declarar cuál es el nombre. Y si nos vamos al libro de “hechos de los apóstoles”, para revisar qué entendieron y cómo cumplieron, aquellos oyentes, el mandato escrito por Mateo, encontramos que ellos aplicaron el nombre del Señor Jesús; en las páginas de este libro histórico leemos como Pedro, Pablo y los otros apóstoles predicaron y fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Dice además en el mismo libro de los hechos (4.11-12): “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”

El bautismo anunciado en Mateo, es en el nombre del Señor Jesús; y no es, por lo tanto, la indicación al bautismo en tres títulos (al no usar un nombre se están usando títulos). El interrogante, pues, no es en poder identificar cuál es el nombre; el interrogante puede surgir a raíz de que, en el mandato, “el nombre” está relacionado con el Padre, y el Hijo y el Espíritu Santo.

Una pregunta fundamental. La pregunta, por tanto, es: ¿por qué el nombre del Señor Jesús aparece relacionado al Padre, Hijo y Espíritu Santo?

Sobre este tema es común escuchar, por quienes tuercen las Escrituras, que en este versículo de Mateo hay una trinidad de seres divinos. Pero no es así, en este versículo el Señor Jesús no está enseñando la existencia de tres dioses; en este versículo el Señor está instruyendo a los discípulos acerca de la necesidad del bautismo en su nombre. Valga preguntarnos, ¿por qué en su nombre? En los mismos versículo de Mateo (28.18-19) encontramos una respuesta: “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre…” En este pasaje, el por qué debían ser bautizados en su nombre, es porque toda potestad en el cielo y en la tierra le pertenecen a Jesús.

En Lucas (24.46-47) también hay respuesta del por qué debían ser bautizados en su nombre: “…y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.” En este otro versículo la razón es: porque Cristo padeció, y porque resucitó de los muertos.

De acuerdo a estos dos textos bíblicos, los nuevos discípulos debían ser bautizados en el nombre del Señor Jesús, porque él tiene toda potestad, y porque él padeció hasta la muerte y resucitó. Ante este hecho, no hay cabida para otros seres divinos…No hay otra persona o personas que hayan muerto y resucitado para dar salvación a la humanidad, de modo que los hombres deban ser bautizados en sus nombres; además, siendo Cristo una única persona, en su nombre personal no hay cabida para otros seres. Al parecer, estamos ante una de las causas por la cual los creyentes trinitarios retiran el nombre del Señor Jesús de este texto de Mateo, puesto que aceptarlo derribaría sus argumentos de la existencia de tres personas divinas. Aceptar que el bautismo es en el nombre del Señor Jesús, es aceptar que en la integridad de su nombre y en la de su ser, es el Padre, Hijo y Espíritu Santo, que no se trata de seres divinos.

Otra respuesta del por qué el nombre del Señor Jesús aparece, en Mateo, relacionado al Padre, Hijo y Espíritu Santo, es la que se escucha de algunas personas creyentes de la unicidad. La respuesta, dicen ellos, es: “porque el nombre es el mismo para cada uno de los títulos; porque en los títulos se está señalando a las manifestaciones del mismo Dios; Padre en la creación, Hijo en la redención, y Espíritu en la renovación.”

La respuesta ahora, no hace alusión a tres seres divinos sino a manifestaciones de Dios. En este caso el bautismo sería algo como: “bautizados en el nombre de las manifestaciones de Dios, del Padre en la creación, del Hijo en la redención y del Espíritu en la renovación.” Entiendo que el creyente en el Señor Jesús no piensa de esta manera, solamente intentamos ilustrar que en el bautismo no se está invocando a las manifestaciones o revelaciones de Dios en la historia; porque en lo concerniente al bautismo la importancia está en Dios manifestado en carne u hombre. La importancia en relación al bautismo está en Cristo, en el hombre a quien le fue puesto por nombre Jesús; un hombre, que por no ser independiente a Dios, es el único que ha muerto, resucitado y vive.

Es tal la unidad de este hombre a Dios que, en su nombre y en su ser, Dios ha recibido nombre. Es a esto justamente hacia donde queremos apuntar. El nombre de la persona de Cristo es el nombre de Dios. En el verso, la vinculación de su nombre al Padre, Hijo, y Espíritu, es porque en la integridad de su ser es: el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo. El nombre puesto al hombre, o a la persona, identifica su ser.

El Señor hablando con Felipe y con sus discípulos, les dice: “creedme que yo soy en el Padre y el Padre en mí”; con estas palabras el Señor haciendo indicación de su ser, nos muestra la unidad absoluta de él y el Padre; de cómo él siendo un humano era el mismo Padre: Su yo (hombre interior o vida de la carne) existía EN el Padre (cuerpo o templo del Espíritu), y su yo (ser interior o vida de la carne) existía POR el Padre (Espíritu). Es un llamado a no considerar al Señor independiente a Dios; lo mismo sucede en este verso de Mateo pero ahora en relación al nombre. Su nombre no es el de alguien distinto a Dios; persisten en el verso de Mateo sus palabras: “creedme que yo soy en el Padre y el Padre en mí”. El cuerpo del Señor, vimos, es en referencia al Padre (“yo soy en el Padre”), es decir, al templo hecho por Dios. El Hijo, es el ser interior en unidad a su cuerpo, o vida manifestada en carne. Y la causa u origen de la vida, es el Espíritu Santo.

Así que el bautismo, no es sólo la declaración de un nombre; aunque, de hecho, se declara que en el nombre de quien tiene toda potestad en el cielo y en la tierra, y de quien murió y resucitó, la persona alcanza perdón de pecados y salvación. Pero además, entendemos, por este versículo de Mateo, que la declaración del nombre va más allá. La invocación de su nombre en el bautismo es también la invocación de la persona de Cristo, es decir, el discípulo o hijo que ahora renace, no sólo lo hace con un nombre nuevo, sino también con un nuevo ser que en su integridad lleva impreso el nombre del Señor. El cuerpo en donde ahora renace, que es el templo (o “yo soy en el Padre”), tiene por nombre Jesús; el hijo de Dios o la manifestación en carne que son esos nuevos pensamientos, gozo, gustos, mente etc., tienen por nombre Jesús; y el origen de la manifestación que es el Espíritu Santo en su ser (o “el Padre en mí”), tiene por nombre Jesús.

jueves, 23 de febrero de 2017

Jesús es Dios


La vida y obra de Cristo ha generado, en ocasiones, opiniones diversas y encontradas. Las primeras opiniones en confrontación surgieron en los inicios de nuestra era entre quienes creían en él como el Mesías, y entre quienes lo señalaban como malhechor y blasfemo.

El libro "Jesús es Dios", escrito por el hermano Samuel Benedetti, lo puede encontrar en la tienda virtual amazon. (Nota: la siguiente vista previa presenta algunos errores en cuanto a la presentación: encuadre del texto, sangrías, espaciado, etc.)